No es magia, ni polvos de hada, ni fantasía.
No es cuento, ni novela, ni relato corto.
No pertenece al cielo, ni a la tierra, ni a este mundo ni a aquél.
No es suave, ni dulce, ni tierno.
No es demasiado demasiado, ni demasiado poco.
No.
No es solamente eso, sino todo a la vez.
No puedo definirlo porque aún no hay palabras posibles que consigan expresar lo que el corazón bombea. No hay descripciones, simplemente acercamientos prácticos que ni se asemejan al brillo que causas en mis ojos, y ni se acercan, tan siquiera rozando, a narrar lo que brota por dentro de ellos, lo que les hace sentirse estrellas.
Sólo noto que los dedos escriben solos y que, por primera vez desde hace mucho, pensamiento y sentimiento van unidos con una fuerza arrolladora. Mis muros, ya sabes... ¿cómo eres capaz de derribarlos de una forma tan suave? Hay tantos pétalos que deshojar... y sin embargo la rosa se hace más espléndida, se la ve en su esplendor ser ella misma... se me ve ser yo, se me ve ser tú, se nos ve ser nosotros. "Nosotros"... ¿No notas la fuerza que eso conlleva? ¿La confianza plena que otorga el sentirse propiamente propios el uno del otro y libres, como nunca, a la vez? ¿La energía que desprende esta historia sin final? ¡Cómo no vas a notarlo si incluso los poros de mi piel aclaman a gritos tu textura! Y esa fundición de almas, ese ser mucho más que dos... ¿Ves como no hay palabras? Por mucho que lo intente...
No quiero usar adjetivos porque, de alguna forma, pondrían límites a lo que no los tiene.
No quiero usar adverbios porque el tiempo ha perdido todo su sentido entregándose al hoy, al precioso hoy de cada día.
No quiero usar el lenguaje porque muchas veces es el mismo silencio el que lo sobrepasa, dejando simplemente que fluya... que fluyamos...
Y sí, no quiero pero lo estoy haciendo, ¿verdad? Lo necesito, ya me sabes...
La locura, las conversaciones interminables, la risa, la amistad, el amor, la calma, la paz, la pasión... Que no, que no puedo poner todo lo que es, todo lo que está, todo lo que somos...
Pero es, está, y somos.
Vaya que sí...
Hay tantos sueños cumplidos en nuestro despertar que aún a veces me creo dormida... Y es que no hay nada como tocar las nubes a través de tus labios mientras tus manos alzan las mías y, juntas, nos indican todo lo que hay por delante...