
Odio la forma en la que odian porque yo no sé odiar.
Odio el egoísmo porque yo, y yo, y yo, y yo... no soy egoísta.
Odio el rencor, y sin embargo perdono pero no olvido.
Odio la guerra, quizá porque nunca me ha gustado aquello de las armas, y no obstante, poseo mil escudos, mil muros...
Odio el no saber expresar semillas de lo que después puede convertirse en un enorme dolor, aunque lo grito en cada gesto, en cada mirada de quien está dispuesto a entenderme... y a quererme.
Odio entregar rosas devueltas como espinas, o no vistas, o no sentidas, o no... no lo sé...
Odio no saber.
Odio luchar cada mañana por ser mejor persona mientras el mundo sigue girando envuelto en la ceguera del que no sabe mirar al prójimo.
Odio las palabras sin hechos.
Odio sentirme imbécil al menos varias veces al año...
Pero lo que más odio es el odio. Eso sí que lo odio a muerte.
¿Paradojas? Llámalo R, si te apetece.
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