domingo, 7 de marzo de 2010

Posibilidades


Es un nuevo día, y para algunos sólo consiste en abrir o cerrar una persiana, preparar un nuevo café, beber rápidamente la calefacción de un coche en marcha y masticar con desgana las noticias matinales.


Sin embargo para ella todo es diferente. El sonido estridente del despertador le hace imaginar cómo sería la melodía que forman las estrellas cuando dejan paso al todavía adormecido sol. Seguro que sería un sonido armónico, melódico -piensa-, haciendo honor a esa teoría pitagórica que, casi sin saberlo, está dispuesta a creer o que ya ha querido creer.

El café, que suele dejar demasiado azucarado, no le sabe a despertar porque piensa que para eso quizá le haría falta algo de sal.

Las noticias matinales contextualizan su alegre visión del mundo sin apartar esa sensación, ya que ella siempre ha mantenido que aquello que late tiene, por tanto, capacidad de cambiar y, ¿qué mayor latido que el que hace el mundo al ser habitable?

Y qué decir de su trabajo... Escribir. Oh, escribir. Conseguir que la tinta de un bolígrafo suponga un romance veraniego en un quinto o cuarto piso del cielo, o la historia de una lágrima que lucha por la felicidad verdadera y que, en su recorrido, la consigue o no gracias a la ayuda inestimable de un beso, o un conjunto de letras sin más o un más de letras sin menos... Y todo con un bolígrafo sencillo y una tinta única, fábrica de los sueños de quien lo maneja.
Sí, desde luego, ama su trabajo.


Total, que es un nuevo día y hoy está lloviendo. Así que baja del coche y deja que las gotas le salpiquen la cara con la misma suavidad con la que se marcha la primavera. Y así, de algún modo, siente latir y respirar al mundo mientras ella imagina cómo darle las gracias.


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