
A veces no me apetece escribir... Y es entonces cuando de alguna forma dejo de ser yo... Pero al mismo tiempo estoy escribiendo... ¿por qué en ocasiones no puedo salirme de una paradoja? Quizá me guste ese estilo literario... pero no, eso es mentira... y verdad al mismo tiempo.
Las rosas tienen varios pétalos... será eso... No obstante tienen espinas también... ¿Qué son las espinas? ¿Debería saberlo? Hay tantas alrededor del jardín... incluso dentro. Me dan asco. Por eso las espulso cada vez que descubro una.
¿Yo tengo? Sí, claro... Y me dan miedo... ¿Miedo de mí misma? Eso es estúpido... Entonces es posible que a veces yo también lo sea. ¿Posible? Cierto. No obstante odio los tantos por ciento... aún sabiendo que no sé odiar ni tampoco de estadística.
Pero sé sumar... e igualar... Desde niña se me dio mal restar, rompía los cuadernos Rubio cuando acababa el curso.
2... en 1. No hay matemática, basta con abrir la ventana y respirar el aire puro de la ilusión real.
Aunque ha llegado a tanto mi aprendizaje volando que me da miedo caer al suelo y darme cuenta de que tan sólo ha sido un sueño y que mis alas no me dirigen la palabra. ¿De qué forma iba yo a volver a mirarme en el espejo? ¿Qué iba a decirle a mi cuerpo? Y, sobretodo... ¿qué iba a decirle a mi alma? Ella las adora tanto... las ama, igual que yo.
Me gusta caminar decidida, de hecho, lo hago... La mayoría me mira y se lo cree. Qué ignorantes... -¡Bendita ignorancia! -oí una vez. ¿Qué puede tener de bendito no conocer? Será no conocerme... Habrá que preguntar, pues. ¿Quién me conoce? Los números son muy bajos... el número, masculino, singular.
Ah, mi perra suspira. Lo aprendió de mí, y yo de la vida. Que no sé mucho... Será porque prefiero volar.
Sí, será...
Mi mayor temor es encontrar la ventana cerrada.
No, no, no, no... no...
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