Por acurrucarte entre mis pies cuando notas que algo no marcha bien.
Por dormirte sobre mí dándome calor cuando estoy enferma.
Por echarte bajo mi mesa esperándome cuando no estoy en casa.
Por entrar por la puerta y seguirme hasta la habitación hasta que me tiro en el suelo contigo.
Por ponerme cara de pena cada vez que voy a reñirte y sólo pueda hacerlo a medias.
Por tu patita en mi mano.
Por tus lengüetazos a modo de respuesta cuando te doy un beso en tus orejas de terciopelo.
Por acompañarme hasta la puerta cada vez que me voy y quedarte en la alfombra con cara de pena.
Por cómo mueves el rabo cuando juego contigo, o cuando te saco a la calle, o cuando solamente te digo "Chula" y me vuelvo loca persiguiéndote.
Por cómo pides de comer a todas horas y como yo te llamo pesada, sueltas uno de esos ruidos tan tuyos a modo de resignación.
Por llorar para avisarme cuando quieres mimos y yo no estoy haciéndote caso.
Por saber cuándo puedes dormir conmigo sin que se entere nadie y encontrarte ya a los pies de mi cama.
Por ser preciosa.
Por tu lealtad inmensa e inquebrantable.
Eres la mejor perrina del mundo.
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