Hay tanta gente buscando su mitad en este mundo... Tantos que buscan esa persona que, sin quererlo, te llena y te transmite una sensación de paz que no puedes definir.
Porque sí, cuando te preguntan puedes decir que es una historia preciosa, que estás agusto, que le quieres... pero esa parte, la más importante, no puede expresarse con palabras.
Sólo sientes que has de darlo todo cada día, y no por ti, ni por la otra persona, sino por los dos, por ese nosotros que se ha formado y que se representa como eterno... Porque el tiempo no cuenta por primera vez. No importa qué hora sea, ni siquiera qué fecha, todo cuenta, todo simboliza una oportunidad de hacer más grande un corazón compartido, de hacer cada mañana más merecedora de una sonrisa, de convertir cada caricia en un pasaporte a otro mundo/cielo/paraíso.
Y es verdad, todo el mundo busca eso. Desean con fuerza encontrar el alma que sea capaz de llenar la suya propia y transformarse en una sola unida por un hilo fino e inquebrantable que lleva al mismo tiempo amor y amistad, regándolo por cada miembro de su cuerpo y expresándolo en cada latido (cuestión de "latidos por minuto"...)
Los libros lo narran, los cuentos lo ilustran, las películas lo muestran una y otra vez... pero sólo unos pocos lo consiguen. Y yo, sin querer queriendo, lo he encontrado.
Y noto que, cada mañana, algo dentro de mí se hace más grande aún, aunque el día anterior pensase que ya era imposible. Y el nosotros que empezó como una historia de cuento se hace más real, tanto que incluso se puede palpar en una noche de verano viendo estrellas fugaces y compartiendo, probablemente, el mismo deseo.
Mi yo se hace más grande a medida que el tú se interna en él, al mismo tiempo que el nosotros se convierte en algo mágico, perenne, increíble, inagotable y... real, muy, muy real.
Mis sábanas conocen el olor de mis sueños, y yo conozco parte de los sueños que van impresos en él...
No se puede expresar lo que se siente, como decía, pero se puede intentar...
Por 1000... y más.
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